De acuerdo con cifras recientes, en ciudades como Barranquilla, Soledad y Malambo se registran entre dos y cuatro muertes violentas diarias, una situación que mantiene en alerta a las autoridades y a la ciudadanía. A esto se suma el incremento de casos de sicariato en municipios como Sabanagrande, Baranoa, Juan de Acosta, Repelón, Polonuevo, Sabanalargay Puerto Colombia.
En contraste, municipios como Galapa, Ponedera, Santo Tomás, Palmar de Varela, Luruaco, Campo de la Cruz y Manatí presentan una menor incidencia de muertes violentas, lo que evidencia un comportamiento distinto frente a la criminalidad.
Aún más bajos son los registros en poblaciones como Suan, Usiacurí, Santa Lucía, Candelaria, Piojó y Tubará, considerados de baja incidencia en este tipo de delitos.
Según el balance, solo en el mes de marzo cerca de 100 personas murieron de manera violenta en esta sección del país, y gran parte de estos casos permanecen en la impunidad, generando preocupación por la efectividad de las estrategias de seguridad.
En medio de este panorama, Galapa sobresale como un municipio que logra contener los niveles de violencia, convirtiéndose en un referente dentro del departamento. Su bajo índice de homicidios refleja avances en materia de convivencia y seguridad, aunque el desafío sigue siendo mantener y fortalecer estas condiciones frente a la creciente ola delictiva en la región.
La situación también ha generado cuestionamientos hacia el gobernador del Atlántico, Eduardo Verano, y el alcalde de Barranquilla, Alejandro Char, por la respuesta institucional ante el aumento de homicidios, la extorsión y la inseguridad que afecta especialmente al comercio.
Pese a ello, municipios como Galapa continúan mostrando que es posible mantener niveles más bajos de violencia, en medio de un contexto regional que exige acciones urgentes y articuladas para garantizar la seguridad de todos los atlanticenses.

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